A veces hay que creer en el príncipe azul y
en los cuentos de hadas, y no cuando una mira con inquietante y vergonzosa admiración
a Felipe y Letizia, por mucho que su conciencia diga ‘no’, sino cuando descubre
que han pasado cuatro años y medio desde que besó a un chico y sigue observándolo dormir y oliendo sus camisas de cuadros.
Y mira que le tengo fobia a las parejas y que yo también me he dejado de
depilar y he preferido a veces echar la
siesta a hacer el amor (aunque no llevaré nunca jerséis del Carrefour color
salmón, ni el cutis apagado, ni el pelo lacio como si nunca me lo hubiera
tintado ni cortado, ni tendré nunca un novio con las cejas depiladas) y que no,
no me ha pasado de ir a una fiesta y encontrarme a Mr. Darcy al final de la sala y que no quisiera bailar
conmigo aunque se muriera de amor por mí en secreto, ni Heathcliff se ha vuelto
nunca loco y ha entrado al patio de mi casa gritando: ¡Isabeeeel!¡ Isabeeel! Pero
cuando GMS (estas son sus iniciales, mantendremos su anonimato porque sus
amigos podrían reírse de él), un chico normal, que se olvida de nuestros
aniversarios y se vuelve loco con las rubias pechugonas, me espera en su coche
en un día de frío y me deja todos los libros que le pido aún sabiendo que nunca
los devuelvo, me atrevo a decir que sí, que existe el amor, y que es mejor que
en las novelas.
martes, 6 de noviembre de 2012
jueves, 25 de octubre de 2012
Cuando llueve en París pero no es mi día
Cuando llueve y no cojo paraguas y no hay un solo toldo, soportal, o como se llame eso que sale de los techos, de mi casa a la facultad, me subo a la bici e imagino que estoy en París. Huele a curasán y hay árboles de esos que dan como cerezas con pelos, la luz se refleja en los adoquines y puedo sentir las vibraciones de la Torre Eiffel metálica y rosa (así es en mis ensoñaciones) e incluso las miradas seductoras de los parisinos sexys que viven en buhardillas, trabajan de cocineros y por la mañana pintan.
O bien que voy a acabar en algún granero refugiada con Michael Fassbender y las polainas secándose del agua de lluvia bien lejos de mí, donde quiera que sea que se sequen las polainas pero puestas no.
Y mientras tanto lo que ha pasado, no lo quiero contar porque no se va a creer pero de verdad que ha pasado, ha sido que me he caído de rodillas y los mendigos me han ayudado a levantarme y me han puesto la cadena de la bici.
O bien que voy a acabar en algún granero refugiada con Michael Fassbender y las polainas secándose del agua de lluvia bien lejos de mí, donde quiera que sea que se sequen las polainas pero puestas no.
Y mientras tanto lo que ha pasado, no lo quiero contar porque no se va a creer pero de verdad que ha pasado, ha sido que me he caído de rodillas y los mendigos me han ayudado a levantarme y me han puesto la cadena de la bici.
viernes, 19 de octubre de 2012
El porqué de la vida
No nos equivoquemos, personas oscuras del mundo, la vida no está tan mal pensada. Si le buscas el sentido desengáñate porque no lo tiene, nacemos, morimos y escasas veces nos reproducimos, si aparecemos en la wikipedia somos inmortales, pero lo mismo da porque ya solo nos pedirán autógrafos los gusanos. ¿Qué perfección, qué plan divino puede haber? Si además existe la vejez, los desengaños amorosos y los bollos con pasas que parecen bollos de chocolate.
El problema es que te has equivocado de punto de vista, es un vicio muy de cerebro humano lo de buscarle sentido a las cosas, finalidades y objetivos (¡ja! permitidme que esboce mi más elegante mueca de desprecio) Lo cierto es que debe haber una suerte de dios o inteligencia que lo controle todo y al que se le haya ocurrido que sintamos (y aquí está la clave del asunto) ilusión.
El ser humano (hablo del ser humano porque soy uno, lo mismo a los animales también les pasa) es una máquina perfecta de ilusión. Deja a un hombre solo, sean sus circunstancias las que sean, en una habitación, y le brillarán los ojos al abrir una libreta nueva, no verá el momento de salir a mirar por la ventana, el teléfono le arderá entre las manos esperando un mensaje del amor de su vida. Las cosas despedirán un aroma atrayente, se acercará a verlas una por una. Luego saldrá a la calle y sonreirá si llueve, le latirá el corazón porque va a ver a un amigo, se cambiará de acera para mirar escaparates o pisar la hierba.
Como si de ella dependiera nuestra supervivencia, la ilusión reaparece siempre bajo cualquier circunstancia sin que nos demos cuenta. Es lo que nos mantiene con vida en los peores momentos, es el plan perfecto y divino para nuestra supervivencia. Es, después de haberlo buscado tanto y en tantos sitios, el sentido.
lunes, 24 de septiembre de 2012
Amiga, a mí también me pasa
Estas muchachas de arriba son mis amigas, mi círculo de mujeres que toda chica necesita. Yo no sé qué es ni por qué me pasa o si tiene que ver con Mujeres que corren con los lobos, pero cuando nos juntamos hay magia, se siente una bien y en su sitio. El mundo patriarcal indoeuropeo con su dios del trueno violador de diosas queda lejos, se oyen cantos ancestrales de fertilidad y flores, de repente parece posible tener el pecho caído y la cara arrugada, disfrutar de la belleza de las mariposas y esperar el amor sin que le digan a una tonta y moñas.
Porque a veces convivir con hombres se hace difícil. Sí, se los quiere mucho, son divertidos, pero no nos engañemos, la mayoría son duros, concretos, definitivos, quietos, golpes y verdades absolutas. Nuestras emociones no tienen perdón en su sistema, que no admite ni entiende lo relativo, sutil y cambiante de las cosas.
Por eso nosotras, que somos un mar de emociones, puntos de vista, dudas y cambios, que tenemos una inteligencia plural y reflexiva, que disfrutamos de los sentimientos y de profundizar bien en los matices de las cosas, somos oscuras, poco claras, indecisas y volubles para un sistema cruel y despiadado, que necesita las cosas ya y las necesita ahora de esta manera o de la otra, pero pare usted de contar.
Y nosotras que somos amor incondicional y absoluto, que somos comunidad y buscamos lazos y parejas para cuidar de ellas, que tenemos el don de mirar por dos, por tres o por cuatro antes que por nosotras mismas, somos dependientes, posesivas, celosas y anticuadas y para no serlo trabajamos de ejecutivas agresivas y tenemos amantes con su sexo rápido, renunciamos a la maternidad y nos dedicamos a nuestras carreras, cosa que me parece muy bien, pero es verdad que las cosas no están pensadas para la mujer madre, están pensadas para la mujer hombre, y la mujer madre tiene que retirarse del mundillo y consagrar su vida a hacer potitos porque el sistema es implacable con ella. Como guinda del pastel está el problema de que los hombres han hecho el mundo a su medida, y aquí tenemos un papel muy claro: pareja sexual, por eso cuando vas a felicitar a un conferenciante se te quiere llevar a la cama y por eso no puedes tener arrugas ni llevar bigote, porque si pierdes tu erotismo pierdes tu identidad, eres inútil para el sistema, no pintas nada, no vales, conviértete en técnica informática.
Esto será verdad o mentira, pero es mi impresión y el mundo no es fácil para nosotras, la mayoría nos sentimos mal y culpables de ser como somos, asentadas en un sistema de valores radicalmente opuesto a nuestras posibilidades, en el que, naturalmente, no podemos encajar, tenemos la constante sensación de que hacemos algo mal. Pero en cuanto nos juntamos más de cinco minutos las reglas son otras, durante unas horas el mundo se escribe como queremos y ya no somos ni malas, ni putas, ni feas para nadie.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Septiembre y nosotros
Nunca he llevado uniforme, pero septiembre me hace pensar en faldas de cuadros, así como las gaitas.
Después de un verano estupendo se acerca un año prometedor. En algún lugar del río florecen los nogales (si es que los nogales florecen) y las muchachas extienden bronceadas sus gastados libros, tipo Mujercitas sobre la hierba fresca. Todos los amigos vuelven en tropel de vacaciones y contamos nuestras anécdotas: una cabaña en los Alpes, un velero por el Mediterráneo llevando sombreros de paja, pandillas mixtas y tercios de cerveza. El anuncio de Amstel ha hecho mucho daño a la estética española: turistas y oriundos se pasean por la malvarrosa con sombreros y faldas de flores que no sé yo desde cuándo vamos la gente mediterránea normal así. Y tú, que eres de aquí de toda la vida, te sientes un pringado si no has pasado el verano en Formentera, o peor, ¡crees que eres uno de ellos! y empiezas a lucir abdominales (que no tienes) y a llevarte tercios a la playa, y ni siquiera lo disfrutas porque no lo haces porque lo disfrutes sino porque quieres imaginar que haces lo que mola.
La realidad es muy distinta. Septiembre es un mes horrible para nuestra Lost Generation. Acostumbrados a empezar cursos con ilusión, o prepararnos para el trabajo, vemos que el tiempo pasa y las perspectivas son las mismas: un año más en casa de nuestros padres, días que se hacen eternos, estudios de relleno, másteres que jamás hubiéramos hecho, idiomas que nunca hubiéramos estudiado, trabajos en negro que no nos dan ni para el paquete de tabaco y, como medida desesperada, migraciones.
Eso se ve, vas por la calle y sabes quién tiene tu edad, las caras amarillas, la figura desgarbada, han perdido el brillo del pelo. Nosotros que nos podríamos haber casado y haber tenido coche, tú que sacabas tan buenas notas y yo que era tan guapa y pizpereta y míranos, igualados por la realidad de la vida, desfaenados, maleantes, trágicos, detenidos en el tiempo como no muertos, fantasmas que se quedaron donde murieron y todavía no han entrado en la luz. ¡Dolor!
Es horrible pero sé una cosa, las situaciones difíciles engendran héroes. La vida del héroe es así, todo el mundo lo sabe: nace en su entorno natural, luego se va, sufre, es pobre, recibe la llamada, mata algún monstruo, se empiezan a oler los demás que es un héroe y finalmente sí, lo era, y se corona rey o es un dios o depende del mito/leyenda. Pues esta cosa os digo, me da en la nariz que esto no es que caigamos en picado, esta es la dolorosa y lenta gestación la generación que cambiará el mundo, un comunidad de héroes de todo tipo. Quizá en nuestras manos esté el cambio de era, o a lo mejor solo nos convertiremos en gente mejor, más lista y más sabia y haremos un cambio en lo individual, en lo privado, pero recordadlo todos que yo he dicho esto: de esta crisálida solo puede salir una mariposa.
jueves, 2 de agosto de 2012
Miedo a las parejas: Parejofobia
Las parejas. Eso. Ese chico y esa chica blancos de rostro con algunos granos,ella sin tinte, él con un polo de rayas, piel un tanto gris, los dos paseando junto con otra pareja con la que salen porque es pareja y posando en las fotos solo con su pareja o con el ejemplar de su mismo sexo de la otra pareja.
Las parejas. Esa cosa tan antinatural. Ese momento en que llegan otra vez cansados y tampoco les apetece hacer el amor. Cuando ya no hace falta depilarse. Ese verse todos los días como quien ve el armario, ese saber que para tu pareja tú eres su rutina y la novedad, lo que le enciende el corazón, son las demás personas. Que haga siglos que a una no le dicen sexy. Lo diferente que es el 'amor' del amor.
Que todos los amantes se convierten en parejas, eso no hay quien lo dude. Que el triunfo del amor, el 'juntos para siempre' quiere decir 'pareja para siempre', eso menos todavía. Pero dejadme que alce mi vista y sueñe, que busque en la realidad y en las revistas algo que me permita creer y vencer mi parejofobia. Brad Pitt y Angelina Jolie, Marco Antonio y Cleopatra, ¡todo es mentira! todos ellos parejas, juntos y conformes, satisfechos y aburridos, fluídos y pañales.
Solo ellos, tan feícos y amorosos, me llenan de alegría entre toda esta desesperación. ¿Estaremos ante la primera pareja estable y duradera emocionante? Ellos no han ido cansándose el uno del otro sino que han luchado en las trincheras por ser una pareja. Por favor, si conocéis de más decidme.
lunes, 23 de julio de 2012
Apuntes sobre el verano
Desde el principio al final del día en mi cabeza se repite 'qué hambre', 'qué sueño', 'qué nalgas tiene Brad Pitt'. Poco a poco empiezo a acostumbrarme al trabajo, ya se me han endurecido los callos de las manos, porque aunque siendo profesora se me hacen sicosomáticos, ya me entendéis. Mis alumnos no son desagradables del todo, acatan mis órdenes y me obedecen, si digo 'cierra la ventana' cierran la ventana y si digo 'sentaos' se sientan. ¿Será que estoy soñando? Paisajes, nubes, unicornios y alumnos que obedecen.
Los fines de semana hago vida rural y visito algún pueblo, mío o de mis parientes. No puedo creer que haya una vida paralela donde píen los pájaros y refresque por la noche. Sueño con un mundo en que sea septiembre, no tenga que trabajar y pueda dedicarme a ver pasar los días desde mi visillo, a hacer recados, vigilar guachos, regar plantas, dormir hasta las once y bañarme 24 horas. Sueño con jubilarme. Cuando sea anciana no me atormentará la vejez ni la muerte, solo pensaré en dar paseos, lo prometo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


