lunes, 11 de febrero de 2013

El día de los enamorados me ha pillado en taparrabos

Me gusta pensar que mucho antes del 'san' y el 'Valentín' y de las cajas de bombones con lazada, hubo un tiempo en que andábamos en taparrabos allá por mediados de febrero celebrando los almendros en flor y el zumbido de abejas y viendo entretenidos perseguirse a las palomas, cuando entonces caímos en la cuenta de que no había mejor momento para hacer el amor, inaugurando así el rito anual de besos, polinización y hormonas



lunes, 21 de enero de 2013

Lo que diremos de nuestra generación cuando seamos brasas (si hay vida después de la beca)

Queridos nietos (Sí, hago el paripé de contárselo a mis nietos. Os describiré la escena: volvemos en coche volador de visitar la cibertumba del hermano de su tío –nada que ver conmigo-, suena una canción de Estopa, que para entonces será una música de abuelo, y yo llevo una cola de caballo, vaqueros y botas altas que serán una ropa muy de abuelo también, como hay piloto automático me giro y les doy la brasa, porque eso no ha cambiado y en eso los abuelos seguimos siendo iguales.
 Mis nietos son tres o cuatro y los suelo confundir entre ellos, trilingües y tecnológicos, pasan de drogas de ciberdiseño o eso dicen, y han heredado todos mis dedos en punta y una saludable afición por el jamón serrano. Pasamos por las dunas del desierto de Valencia, son preciosas y por la ventanilla podemos ver camellos) os contaré la historia de mi vida en la España postmoderna.


Mi generación fue perdedora, y no digo perdida, sino perdedora porque así fue que lo perdimos todo. Crecimos en en hogares burgueses de clase media, veraneamos en apartamentos, estudiamos largas carreras e hicimos programas de intercambio, para encontrarnos luego con que no teníamos nada. Perdimos los privilegios que se nos dieron de nacimiento, fuimos unos desclasados y unos mantenidos. A todos nos ayudaron nuestros padres, fuimos dependientes y retrasados. Volvimos a vivir en familia, nos vimos forzados a emigrar, y siendo abogados o filólogos trabajamos como camareros. Echábamos de menos el sol y la familia pero nos hicieron creer que el sistema era guay, que molaba viajar, ser global y competente. Algunos lo creímos, otros no, pero todos acabaron por descubrirlo. 
Dejamos de aprender lo que nos apetecía para aprender inglés, había que construirse un perfil laboral suculento y sustancioso. Lo que más valía era el inglés y los viajes. El perfil facebook pasó a remplazarnos, terminó por confirmar nuestra identidad, nos cambió la idea que teníamos de nosotros, los planes empezaron a interesar en la medida en que proporcionarían buenas fotos, así como los idiomas, cursos y postgrados, empezaron a interesarnos en la medida en que proporcionarían un buen currículum. 
Casi todos estábamos desempleados, los que estábamos empleados recibíamos nuestro sueldo en sobres, otros estaban becados y se preguntaban con terror si habría vida después de la beca. Las circunstancias quisieron que fuésemos indefinidamente demasiado jóvenes, nadie era adulto con 25 años, era anómalo que un veinteañero tuviera alguna responsabilidad importante, laboral o familiar. Ninguno tuvimos hijos, sino que fuimos hijos para siempre, irás y no volverás al país de los hijos. Nos olvidamos en que hubo un tiempo en que a los 20 se era ya adulto, lo olvidamos en la discoteca y en el mercadillo vintage mientras comprábamos camisas de cuadros, o bajándonos canciones para el I-Phone, muchos lo olvidamos también en los postgrados, que alargaban la sensación de preparación, de carrerilla para ir a alguna parte, ¿a cuál? Nadie lo sabía. Crecían los hipster como flores de las baldosas de las ciudades, la verdad es que de nuestra generación no podría haber salido otra cosa: estética y consumo, una bonita foto de perfil, música que molara escuchar, amigos resultones. Solo queríamos tener una buena imagen de nosotros mismos, ¿quién puede culparnos? Hubo quien se entregó con deleite a esta juventud a destiempo, verdaderos hedonistas en el peor sentido de la palabra, en el sentido en que se dejan de entender los problemas como problemas de todos, y uno se dedica a vivir su vida con toda falta de generosidad. Porque si de algo pecábamos todos era de un individualismo enfermizo: la meritocracia, la obsesión con la pérdida del estatus, lo difícil que lo teníamos para conseguir trabajos y becas, nuestros avatares cibernéticos, incluso, que tan de relieve pusieron nuestras identidades, el culto a la imagen y muchísimas otras cosas que se me escapan, hacían difícil pensar en colectivo. Hubo gente desesperada y movimientos sociales históricos, propuestas de cambio brillantes, pero la mayoría nos conformábamos con linkearlos. Seguramente fue porque perdimos la esperanza, la palabra futuro dejó de significar ninguna promesa, sino ansiedad y miedo, la juventud no iba asociada al progreso, ni al cambio, no se podía decir: ‘nosotros somos los hombres del mañana’ con ilusión, porque ya comprobamos que el mañana solo podría ir a peor: catástrofes naturales, empobrecimiento, envejecimiento de la población, aprendimos que con el tiempo se pierden las cosas en vez de ganarse. Pese a todo nos enamorábamos y teníamos novio hasta los 45 años, no teníamos más remedio que hacer el amor en el coche e improvisar cenas románticas cuando se iban nuestros padres. Viva las familias que se ganaron el cielo, Dios los tenga en su gloria, no dejéis de visitarlos en sus cibertumbas. 

domingo, 23 de diciembre de 2012

Por sus pétalos los reconoceréis



Mansa, paciente, de buen talante, grande. Fiel admiradora de otras épocas y escenarios.

Incapaz de permanecer más de dos horas peinada, las camisas se me salen y los cordones 

se me desatan.Todavía busco mi sitio entre las tribus urbanas pero no encajo en ninguna, 

como uso camiseta interior me gusta pensar que soy antisistema. Soy torpe como yo sola, 

todo lo que toco lo despedazo. Dependo de la fantasía y a veces tengo que inventarme  

cosas, es probable que esto que digo sea mentira. Lo que más me gusta del mundo son las 

pequeñas cosas como el café con leche y las lecturas. Me acuesto pronto y como a mis 

horas, pero no te engañes: bailar me pirra. Todas mis amigas son guapas, pero aunque no 

lo fueran seguirían siendo mis amigas.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Una naranja grande y redonda


Es fácil, lo normal no da alegría, tienes que buscar lo extraordinario, ya sabes, encuentra la flor más bella, contempla los chaparrones, párate a oler el jazmín y los limones, piensa en las mil y una noches cuando vuelvas en metro del trabajo, enamórate  de la chica con el pelo rojo, acaricia el terciopelo y la seda, mira el verde y el fucsia, cómete una naranja grande y redonda de color muy vivo, recorre los mercados, olvídate de ser banquero, acude a los atardeceres, preocúpate de sentir el viento, báñate en los lagos, hazle fotos a los cisnes, pasa la noche pensando, coge una rosa de color de rosa pálida y suave que huela a jabón y piensa que eres un pájaro blanco con el pico amarillo. Intenta siempre lo imposible, no piensas 'oye, un día más', piensa 'soy una leyenda, soy de una estirpe vieja y milenaria, tengo los ojos del color de las hojas' o 'el día es misterioso como en un cuento' o lo que sea pero no sea normal, esa es la clave.

martes, 6 de noviembre de 2012

Lo que G. me enseñó del amor




A veces hay que creer en el príncipe azul y en los cuentos de hadas, y no cuando una mira con inquietante y vergonzosa admiración a Felipe y Letizia, por mucho que su conciencia diga ‘no’, sino cuando descubre que han pasado cuatro años y medio desde que besó a un chico y sigue observándolo dormir y oliendo sus camisas de cuadros.  Y mira que le tengo fobia a las parejas y que yo también me he dejado de depilar  y he preferido a veces echar la siesta a hacer el amor (aunque no llevaré nunca jerséis del Carrefour color salmón, ni el cutis apagado, ni el pelo lacio como si nunca me lo hubiera tintado ni cortado, ni tendré nunca un novio con las cejas depiladas) y que no, no me ha pasado de ir a una fiesta y encontrarme a Mr. Darcy  al final de la sala y que no quisiera bailar conmigo aunque se muriera de amor por mí en secreto, ni Heathcliff se ha vuelto nunca loco y ha entrado al patio de mi casa gritando: ¡Isabeeeel!¡ Isabeeel! Pero cuando GMS (estas son sus iniciales, mantendremos su anonimato porque sus amigos podrían reírse de él), un chico normal, que se olvida de nuestros aniversarios y se vuelve loco con las rubias pechugonas, me espera en su coche en un día de frío y me deja todos los libros que le pido aún sabiendo que nunca los devuelvo, me atrevo a decir que sí, que existe el amor, y que es mejor que en las novelas.

jueves, 25 de octubre de 2012

Cuando llueve en París pero no es mi día

Cuando llueve y no cojo paraguas y no hay un solo toldo, soportal, o como se llame eso que sale de los techos, de mi casa a la facultad, me subo a la bici e imagino que estoy en París. Huele a curasán y hay árboles de esos que dan como cerezas con pelos, la luz se refleja en los adoquines y puedo sentir las vibraciones de la Torre Eiffel  metálica y rosa (así es en mis ensoñaciones) e incluso las miradas seductoras de los parisinos sexys que viven en buhardillas, trabajan de cocineros y por la mañana pintan.

O bien que voy a acabar en algún granero refugiada con Michael Fassbender y las polainas secándose del agua de lluvia bien lejos de mí, donde quiera que sea que se sequen las polainas pero puestas no.

Y mientras tanto lo que ha pasado, no lo quiero contar porque no se va a creer pero de verdad que ha pasado, ha sido que me he caído de rodillas y los mendigos me han ayudado a levantarme y me han puesto la cadena de la bici.

viernes, 19 de octubre de 2012

El porqué de la vida


No nos equivoquemos, personas oscuras del mundo, la vida no está tan mal pensada. Si le buscas el sentido desengáñate porque no lo tiene, nacemos, morimos y escasas veces nos reproducimos, si aparecemos en la wikipedia somos inmortales, pero lo mismo da porque ya solo nos pedirán autógrafos los gusanos. ¿Qué perfección, qué plan divino puede haber? Si además existe la vejez, los desengaños amorosos y los bollos con pasas que parecen bollos de chocolate.  

El problema es que te has equivocado de punto de vista, es un vicio muy de cerebro humano lo de buscarle sentido a las cosas, finalidades y objetivos (¡ja! permitidme que esboce mi más elegante mueca de desprecio) Lo cierto es que debe haber una suerte de dios o inteligencia que lo controle todo y al que se le haya ocurrido que sintamos (y aquí está la clave del asunto) ilusión.

El ser humano (hablo del ser humano porque soy uno, lo mismo a los animales también les pasa) es una máquina perfecta de ilusión. Deja a un hombre solo, sean sus circunstancias las que sean, en una habitación, y le brillarán los ojos al abrir una libreta nueva, no verá el momento de salir a mirar por la ventana, el teléfono le arderá entre las manos esperando un mensaje del amor de su vida. Las cosas despedirán un aroma atrayente, se acercará a verlas una por una. Luego saldrá a la calle y sonreirá si llueve, le latirá el corazón porque va a ver a un amigo, se cambiará de acera para mirar escaparates o pisar la hierba.

Como si de ella dependiera nuestra supervivencia, la ilusión reaparece siempre bajo cualquier circunstancia sin que nos demos cuenta. Es lo que nos mantiene con vida en los peores momentos, es el plan perfecto y divino para nuestra supervivencia. Es, después de haberlo buscado tanto y en tantos sitios, el sentido.