jueves, 22 de julio de 2010

No me llames amor


Parece que hay que quemar las cartas de amor, romper las fotos y meterlas en cajas junto a otros recuerdos: entradas de cine, flores secas y algunos regalos. Esconderlos bien debajo de la cama o en algún armario y olvidarlos, por favor, a riesgo de morirse de amor o de languidecer en algún diván, con los cabellos dorados cayendo en cascada y el vestido de tafetán rosa empapado de lágrimas.

Así es la vida de despiadada que tenemos que olvidar el amor que dimos y nos dieron, o la felicidad de los días de sol, de las cálidas risas, de las olas rompiendo y al cielo mirando, y cuánta alegría que sentiámos que explotaba de luces nuestro pecho y nos queríamos aquí y allá, en todos los muebles, rocas, asientos traseros, ríos y montañas y éramos tanto y lo demás tan poco y podríamos haber muerto entonces que habríamos sido eternos, fijos y eternos tú y yo en ese momento.

Pero lector que me lees, tú ya sabes que el secreto de la felicidad está en olvidar bien las cosas, en no echar de menos ni dar importancia. Y si piensas en todo lo que has perdido no estarás en condiciones de buscar y te cazarán la presa, se te escapará el momento, fugit irreparabile tempus y llegarás a viejo dentro de un rato .

Cada vez me cuesta más entender la vida, ¿de verdad funciona así? ¿hay que matar el pasado? ¿no es éste un mundo razonable y ordenado con su efecto mariposa y sus ciclos de la naturaleza? ¿por qué no se va a ir poniendo todo en orden, poco a poco, cada cosa en su sitio y al final todo sale bien y uno piensa 'si lo hubiera sabido, que todo se iba a arreglar' y las cosas pasan solas y uno entiede que todo tenía su motivo? Y yo tengo tanto amor que podría dar amor al tercer mundo, a mujeres separadas, a niños huérfanos y a señores que vuelven del trabajo con traje gris y sueños rotos, pintados de fracaso.

jueves, 8 de enero de 2009

Volver a Bolonia o ‘¿por qué no elegí la pastilla azul?’


Bolonia desde aquí parece una serie de hologramas, fantasmagorías, imaginaciones, irrealidades. Una realidad paralela, un ‘matrix’.
Para mí no es fácil volver. Me agarro a mi tierra como un árbol, mis manos son raíces que intentan envolverte, quedarse aquí o llevarte conmigo. Me arrancan de casa, me roban de mis padres, me sueltan de tus brazos. Me suben en el avión y veo que Valencia se hace cada vez más pequeña hasta que desaparece.
Y allí me quedo yo sola en cielo, pensando por qué no elegí la pastilla azul.