lunes, 24 de septiembre de 2012

Amiga, a mí también me pasa


 Estas muchachas de arriba son mis amigas, mi círculo de mujeres que toda chica necesita. Yo no sé qué es ni por qué me pasa o si tiene que ver con Mujeres que corren con los lobos, pero cuando nos juntamos hay magia, se siente una bien y en su sitio. El mundo patriarcal indoeuropeo con su dios del trueno violador de diosas queda lejos, se oyen cantos ancestrales de fertilidad y flores, de repente parece posible tener el pecho caído y la cara arrugada, disfrutar de la belleza de las mariposas y esperar el amor sin que le digan a una tonta y moñas.

 Porque a veces convivir con hombres se hace difícil. Sí, se los quiere mucho, son divertidos, pero no nos engañemos, la mayoría son duros, concretos, definitivos, quietos, golpes y verdades absolutas. Nuestras emociones no tienen perdón en su sistema, que no admite ni entiende lo relativo, sutil y cambiante de las cosas.

 Por eso nosotras, que somos un mar de emociones, puntos de vista, dudas y cambios, que tenemos una inteligencia plural y reflexiva, que disfrutamos de los sentimientos y de profundizar bien en los matices de las cosas, somos oscuras, poco claras, indecisas y volubles para un sistema cruel y despiadado, que necesita las cosas ya y las necesita ahora de esta manera o de la otra, pero pare usted de contar.
Y nosotras que somos amor incondicional y absoluto, que somos comunidad y buscamos lazos y parejas para cuidar de ellas, que tenemos el don de mirar por dos, por tres o por cuatro antes que por nosotras mismas, somos dependientes, posesivas, celosas y anticuadas y para no serlo trabajamos de ejecutivas agresivas y tenemos amantes con su sexo rápido, renunciamos a la maternidad y nos dedicamos a nuestras carreras, cosa que me parece muy bien, pero es verdad que las cosas no están pensadas para la mujer madre, están pensadas para la mujer hombre, y la mujer madre tiene que retirarse del mundillo y consagrar su vida a hacer potitos porque el sistema es implacable con ella. Como guinda del pastel está el problema de que los hombres han hecho el mundo a su medida, y aquí tenemos un papel muy claro: pareja sexual, por eso cuando vas a felicitar a un conferenciante se te quiere llevar a la cama y por eso no puedes tener arrugas ni llevar bigote, porque si pierdes tu erotismo pierdes tu identidad, eres inútil para el sistema, no pintas nada, no vales, conviértete en técnica informática.

 Esto será verdad o mentira, pero es mi impresión y el mundo no es fácil para nosotras, la mayoría nos sentimos mal y culpables de ser como somos, asentadas en un sistema de valores radicalmente opuesto a nuestras posibilidades, en el que, naturalmente, no podemos encajar, tenemos la constante sensación de que hacemos algo mal. Pero en cuanto nos juntamos más de cinco minutos las reglas son otras, durante unas horas el mundo se escribe como queremos y ya no somos ni malas, ni putas, ni feas para nadie.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Septiembre y nosotros

Nunca he llevado uniforme, pero septiembre me hace pensar en faldas de cuadros, así como las gaitas.
Después de un verano estupendo se acerca un año prometedor. En algún lugar del río florecen los nogales (si es que los nogales florecen) y las muchachas extienden bronceadas sus gastados libros, tipo Mujercitas sobre la hierba fresca. Todos los amigos vuelven en tropel de vacaciones y contamos nuestras anécdotas: una cabaña en los Alpes, un velero por el Mediterráneo llevando sombreros de paja, pandillas mixtas y tercios de cerveza.  El anuncio de Amstel ha hecho mucho daño a la estética española: turistas y oriundos se pasean por la malvarrosa con sombreros y faldas de flores que no sé yo desde cuándo vamos la gente mediterránea normal así. Y tú, que eres de aquí de toda la vida, te sientes un pringado si no has pasado el verano en Formentera, o peor, ¡crees que eres uno de ellos! y empiezas a lucir abdominales (que no tienes) y a llevarte tercios a la playa, y ni siquiera lo disfrutas porque no lo haces porque lo disfrutes sino porque quieres imaginar que haces lo que mola.

La realidad es muy distinta. Septiembre es un mes horrible para nuestra Lost Generation. Acostumbrados a empezar cursos con ilusión, o prepararnos para el trabajo, vemos que el tiempo pasa y las perspectivas son las mismas: un año más en casa de nuestros padres, días que se hacen eternos, estudios de relleno, másteres que jamás hubiéramos hecho, idiomas que nunca hubiéramos estudiado, trabajos en negro que no nos dan ni para el paquete de tabaco y, como medida desesperada, migraciones.

Eso se ve, vas por la calle y sabes quién tiene tu edad, las caras amarillas, la figura desgarbada, han perdido el brillo del pelo. Nosotros que nos podríamos haber casado y haber tenido coche, tú que sacabas tan buenas notas y yo que era tan guapa y pizpereta y míranos, igualados por la realidad de la vida, desfaenados, maleantes, trágicos, detenidos en el tiempo como no muertos, fantasmas que se quedaron donde murieron y todavía no han entrado en la luz. ¡Dolor!

Es horrible pero sé una cosa, las situaciones difíciles engendran héroes. La vida del héroe es así, todo el mundo lo sabe: nace en su entorno natural, luego se va, sufre, es pobre, recibe la llamada, mata algún monstruo, se empiezan a oler los demás que es un héroe y finalmente sí, lo era, y se corona rey o es un dios o depende del mito/leyenda. Pues esta cosa os digo, me da en la nariz que esto no es que caigamos en picado, esta es la dolorosa y lenta gestación la generación que cambiará el mundo, un comunidad de héroes de todo tipo. Quizá en nuestras manos esté el cambio de era, o a lo mejor solo nos convertiremos en gente mejor, más lista y más sabia y haremos un cambio en lo individual, en lo privado, pero recordadlo todos que yo he dicho esto: de esta crisálida solo puede salir una mariposa.